OBJETO N.° 1

Lugar de encuentro: Kuglerstraße, Berlin, Alemania


Tripp Trapp, de la marca noruega Stokke (1932).

La silla fue diseñada en 1972, para ser usada originalmente por niños y niñas. Sin embargo, con los años, su uso se ha extendido también a adultos. Según la marca, la silla soporta más de 130 kilos.

Precio de venta: 150 €


Es el niño quien se cae y se choca, y soy yo la tonta: «Tonta, tonta, tonta. Silla, tonta, tonta, tonta», dice la madre, repite el padre, balbucea el niño. El insulto lo tolero, pero ¿los golpes? Dedos y palmas azotan mis patas mientras cantan.

Hay días en que envidio el destino y el objeto de los trastos modernos: todos desechables, hechos y deshechos a su tiempo, vengo y me voy. Acaso siendo uno de ellos se me trataría, por fin, con algo de cuidado, con dulzura y con mimo, y no con este desdén, como si fuera de hierro. Ya no las hacen como antes, dice el abuelo, apretándome, y parece que él mismo no reconociera —en sus propias carnes y huesos—, que los años no solo traen achaque.

Cuántos no he visto pasar, cuántos no he visto apagarse: incontables, innombrables. Nada fácil ser un mero cuerpo muerto.

No me tome por ingrata, yo reconozco el tiempo y el empeño original: la madera con la que fui construida; y también la suerte de haber sido acogida a mi avanzada edad. Dios me ampare de terminar de nuevo en la calle, aspirando el socorro y el rescate. La desgracia es cruenta y despiadada. En el tiradero fui nido de ratas y la comida descompuesta terminaba de podrirse en mis entrañas; rayo de sol y lluvia primaveral fueron mi tortuosa compañía después de haber soñado por años un fin distinto de mi vida.

¡Ay…! Cuántos días preferí nuestro eventual destino final: anhelaba la destrucción absoluta, verme expuesta y vulnerable, junto a cientos de desconocidas, ya sin atributos, formas ni colores. Quería que se me despedazara como una estructura cualquiera, como un armazón viejo y mediocre. Por esos días el silencio era cosa amarga y hasta la más joven de las voces, ilusionaba. El silencio… el silencio a ratos es mortal.

Fantaseaba con el reposo, pues la vida no había sido fácil. En otras tierras y otros tiempos soporté el vicio y el disgusto diario. Niños no había y el marido de la vieja había muerto. La pobre no supo qué hacer con su soledad y ella misma se la fue tragando. Ya dirán que la soledad es provechosa, y no lo niego, pero no a todas nos sabe igual el dulce: hay soledades que se maridan con el ocio, y el ocio abre las puertas al abandono.

A la vieja la sacaron y a nosotras nos tiraron. Alienación, dijeron. Eufemismos para referirse a su falta de piedad. Acá, y de donde yo vengo, es cosa común aquello: que cada uno vea por su pellejo, que cada cual se mantenga como pueda. No me pidan que apruebe ese desprecio, si yo, como ustedes, como todas, vengo de la tierra, y en ella todas somos una misma pieza. Ojalá el niño lo entienda y, más pronto que tarde, en vez de pegarme, me abrace.