En Hallazgos, de trastos a guacas, paso por restaurador: hallo, reparo y vendo un objeto, pero también su historia. Ignorando su pasado, fabrico uno nuevo sirviéndome de su origen, sus propiedades, su lugar de encuentro…
Hago las veces de restaurador, y pienso en el oficio: quien restaura, intermedia entre el hallazgo —siempre azaroso— y el futuro poseedor. ¿Qué sucede con aquello que fue nuestro? ¿Adónde va a parar eso que perdimos, olvidamos, cedimos? ¿De dónde y de quién viene lo que encontramos? Sin quererlo, las historias de los propietarios o propietarias, nuevas y antiguas, se funden.
Al comprar cualquiera de estas piezas, no solo se compra el objeto, también se acoge —como una pieza imprescindible— el relato.
LISTA DE OBJETOS
OBJETO N.° 1
Es el niño quien se cae y se choca, y soy yo la tonta: «Tonta, tonta, tonta. Silla, tonta, tonta, tonta», dice la madre, repite el padre, balbucea el niño. El insulto lo tolero, pero ¿los golpes? Dedos y palmas azotan mis patas mientras cantan.